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martes, 8 de septiembre de 2009

La costa de Lituania

Los días que pasamos en la costa de Lituania estuvimos alojados en una ciudad llamada Klaipeda. Turísticamente no tiene interés alguno, su importancia radica en que es el principal puerto marítimo del país que queda libre de hielo en invierno. Sin embargo, a esta ciudad le debo el momento surrealista del viaje, que se produjo una noche en la que acabamos en un garito cubano llamado El Calor, que hacía de veras honor a su nombre, rodeados de unos tunos (sí, sí, de la tuna de la universidad) mientras veíamos bailar algo que quería imitar al flamenco a unas lituanas con traje de faralaes y un lituano, supuestamente vestido de torero, aunque el capote que llevaba (¡¡¡en los hombros!!!) parecía más una capa de drácula que otra cosa. Todo esto aderezado por el típico humo de discoteca (afortunadamente en Lituania está prohibido fumar en todos los espacios públicos y del humo del tabaco nos libramos). En fin, lo que nunca creí llegar a ver.


Desde Klaipeda sale el ferry que en unos siete minutos te lleva a la península de Curlandia, de la que está separada por un mar interior. Esta península está unida al continente por una zona de Rusia que está entre Polonia y Lituania y que se llama algo así como Kaliningrado. ¿Alguien sabía de la existencia de este trozo de Rusia en mitad de Europa? Llamadme ignorante pero para mí, primera noticia. Este es el motivo por el que hay que ir en ferry, ya que para pasar por esta zona se necesita visado. Curlandia es un espacio natural protegido en el que destacan las grandes dunas y pequeñas poblaciones de pescadores, con preciosas casitas de madera de colores rodeadas de jardines y vallas que no alcanzan el metro de altura. Estos pueblecitos se han reconvertido en lugar de veraneo, el sitio ideal para unas vacaciones tranquilas, playa, relax y naturaleza. Nosotros estuvimos paseando por Nida, totalmente recomendable.
Aunque lo mejor del día para mí fue el atardecer en la playa, con el viento que casi nos arrastraba y el mar Báltico rugiendo.


El día siguiente lo dedicamos a conocer Palanga, otro sitio de veraneo pero mucho más grande y masificado, aunque nada que ver con la costa levantina española, por supuesto. Allí visitamos el Museo del Ámbar, toda esta zona del Báltico es conocida por la cantidad y calidad de ámbar que es posible encontrar. El museo en sí no está mal pero lo mejor es dónde está ubicado, en un palacio situado en lo que ellos denominan jardín botánico pero que es más bien un parque enorme. Por la tarde alquilamos unas bicis y pudimos recorrer la mayor parte del mismo. El resto del tiempo lo aprovechamos en la playa, donde pudimos probar por fin el agua del mar Báltico. Sorprende que no tiene casi sal y, en contra de lo que me había imaginado, su temperatura era bastante agradable.

La última parada en Lituania la hicimos en un lugar llamado Siauliai donde se encuentra un importante centro de peregrinación llamado Colina de las Cruces, donde cada peregrino puede dejar su propia cruz. A mi modo de ver es un sitio bastante tétrico, con tanta cruz de todos los tipos, tamaños y materiales, aunque para los lituanos es el símbolo de la resistencia del catolicismo durante los años de ocupación soviética. A pesar de que fue destruida en varias ocasiones, siempre volvía a aparecer.


Desde aquí ya nos encaminamos a Letonia, así que nos despedimos del lituano y de su moneda (las litas) para empezar otra etapa del viaje que ya os contaré otro día. Y tardaré un poquito porque esta tarde me voy rumbo a Sicilia a disfrutar de la segunda parte de mis vacaciones. A mi vuelta voy a tener un montón de "trabajo" acumulado...
Por cierto, Laura colabora en esta entrada aportando las fotos.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Lituania: Vilnius y alrededores

Con más de un mes de retraso, aquí empieza la crónica de mi periplo estival por Lituania, Letonia y Estonia. Estas tres repúblicas, aunque distintas, tienen bastantes cosas en común, como ya os comenté a mi vuelta.

Lo que más me impresionó según aterrizábamos en Vilnius, la capital de Lituania, fue lo verde que era todo. Daba la impresión de que el avión fuera a parar en medio de un bosque. En Vilnius pasamos una tarde y una mañana.
La primera parada fue el Museo de las Víctimas del Genocidio, que está situado en el edificio donde tanto la KGB como la Gestapo tuvieron su cuartel general. Resultaba bastante impresionante poder ver la recreación de las celdas de los reclusos y pasear por la cámara de ejecuciones y más si tenemos en cuenta que se han utilizado hasta no hace tanto tiempo. Esta clase de sitios nos hacen reflexionar sobre la clase de mundo en el que nos ha tocado vivir. Antes de la guerra, existía en Vilnius una de las comunidades judías más florecientes de Europa. Aún se conserva su barrio, que fue una de las zonas que más me gustó de la ciudad. No puedo comparar Vilnius con ninguna de las capitales europeas que conozco ya que, a pesar de sus bonitos edificios y lo cuidado que está todo, no me quedé con nada que descatar o recomendar, simplemente el pasear por sus calles, insólitamente vacías a mi modo de ver.

Una de las cosas curiosas con las que cuenta esta ciudad es la existencia de una república independiente en uno de sus barrios. Se llama la República de Uzupis y en uno de sus muros está colgada su constitución que, entre otras cosas, da derecho a "ser único, a amar, a ser feliz (o infeliz) o a ser un perro".


Para entrar en este barrio hay que cruzar un puente cuyas barandillas están llenas de candados. Según la tradición lituana, las parejas de recién casados tienen que colgar un candado de algún puente o mirador para no separarse nunca, ¿funcionará?


A unos 30 km. de Vilnius se encuentra Trakai que, en el pasado fue temporalmente la capital de Lituania. Allí destaca su castillo, supuestamente medieval aunque en su mayor parte está reconstruido. Para mí lo mejor fueron los paisajes de la zona, el propio castillo está en una isla del lago Galvé que han comunicado mediante un puente con el pueblo.

A la hora de comer probamos uno de los platos típicos de Lituania, la sopa fría de remolacha. Estaba buena, a pesar del exceso de eneldo que quita el sabor de todo.
Mi impresión general de la gastronomía lituana no fue muy positiva, ni por la calidad, ni por la cantidad, ¡¡el hambre que pasé!! Otra de las características negativas es la mala atención en los restaurantes. Sin exagerar, desde que pedías podía pasar fácilmente una hora y media hasta que empezaban a servir los platos. Si los madrileños nos desesperamos por la lentitud del servicio en cuanto salimos del caos y las prisas de nuestro Madrid, no os quiero contar lo mal que lo pasamos por estos lares...

Desde aquí nos encaminamos a la costa, pero eso será otra entrada.

jueves, 30 de julio de 2009

De vuelta de la Ruta del Ámbar

Pues ya estamos aquí las chicas del d3 después de haber hecho un recorrido de diez días por las ex repúblicas socialistas soviéticas de Lituania, Letonia y Estonia. Ya veo que esto sigue de obras, está claro que estará empantanado todo el verano. ¡¡Cómo está el gremio!!
Hablando del viaje, lo que más me ha llamado la atención es lo rápido que se han "recuperado" del pasado comunista, a juzgar por el gran número de coches de gama alta que había por todas partes. Aunque en las afueras de las ciudades predominaban los edificios de aquella época, estaban en buen estado y todas las calles y espacios públicos estaban impolutos y llenos de flores. Nada que ver con la impresión que me llevé de Bulgaria el año pasado. Aún así me quedo con la experiencia búlgara, mucho más enriquecedora por el contraste cultural.
Me ha gustado mucho lo verde que es todo, casi la mitad de la superficie de la mayoría de las ciudades está ocupada con parques y jardines, con árboles enormes. Claro que la culpa la tiene que llueve casi todos los días (aunque solo sea un ratito) y eso, cuando estás de turisteo no es muy agradable que digamos, así que el chubasquero se convirtió en nuestro mejor amigo. Esta abundancia de agua contrasta con el poco uso de ella que hacen lituanos, letones y estonios o a lo mejor la usan sin la compañía del jabón y del desodorante, porque no os imagináis el "perfume" que se gastan en general. Mujeres impresionantes, con unos cuerpazos de aúpa y rubias naturales pero que "echaban para atrás". Para las lectoras, decir que el género masculino no estaba físicamente a la altura de ellas.

Vista de Tallinn desde uno de los miradores de la parte alta

Si tengo que elegir, me quedo con el viaje en barco por el río Daugava (en Riga, Letonia) con llegada al Báltico al atardecer y con la ciudad de Tallinn (capital de Estonia) que es una maravilla.
Pero esto es adelantar acontecimientos. En breve os daré más detalles, con documentos gráficos incluidos. Ahora tengo que recuperarme de la falta de sueño (madrugar después de acostarse a las tantas es lo que tiene), ordenar las fotos en el pc y los recuerdos en la cabeza para contároslo lo mejor posible.