El otro día en la nueva casa de Ana, tuve una visión gracias a un avatar que me tocó en suerte al realizar un comentario. Siempre me ha dado vergüenza decir de mí que soy un corredor paquete, mayormente porque con ese mismo termino se definen corredores que se encuentran en un universo distinto del mío.
Me tocó "una patata", eso es lo que soy una patata de corredor, desde hoy soy el corredor patata.
Antes de venir a vivir a mi nuevo barrio, hará ya unos tres años creo, me gustaban las cuestas, cada uno tiene sus gustos que os voy a contar. Hortaleza en general no tiene cincuenta metros sin pendiente. Así al cabo del tiempo las cuestas me gustan casi tanto como que me saquen los ojos con una cucharilla de café.
Tengo cuatro recorridos tipo, hay tres que comienzan en mi casa, uno de unos 11 kilómetros por el anillo ciclista hasta la Avenida de Logroño y vuelta a casa.
El segundo de unos 14 kilómetros, subiendo a Sanchinarro hasta una gasolinera, vuelta a mi casa, llegar a la Avenida de Logroño y volver al hogar.
El tercero tuve el placer de disfrutarlo ayer (solo lo he disfrutado en dos ocasiones), son unos 22 kilómetros empiezan en mi casa por el anillo ciclista, hasta la Altura de la calle Silvano, ahí cruzo por encima de la M-40 y me dirijo al Juan Carlos I, en el Parque hago mi circuito tipo de 8,5 kilómetros más los añadidos hasta llegar a algo más de 12 kilómetros y vuelta a casa.
Hay algo común a los tres, la vuelta a casa es ahí donde se encuentra la mayor diferencia positiva del recorrido. Hay en concreto una cuesta de poco más de un kilómetro, me tiene comida la moral... pero tengo un truco para superarla.
Busco mi faro y guía, aprieto los dientes, algo que le va fatal a mis brackets. También aprieto el culo, echo el cuerpo hacia adelante y busco el faro con la mirada. No se ve nada pronto, la verdad se empieza a atisbar ya al final de la cuesta, entreno de noche la mayoría de las ocasiones.
Su luz roja es lo primero que veo entre ramas de arboles, según va creciendo la imagen empiezan a vislumbrarse las letras blancas.
El corazón aquí va a tope, queda poco y el faro indica el premio que me espera en casa, y con esa ilusión me meriendo la cuesta final... bueno a veces no está nada claro quien merienda a quien...
Los madrileños os habréis dado cuenta que la foto del cartel y el edificio, corresponde al santuario donde se elaboraban esas "cinco estrellas", que tanto han animado mi vida, además al lado del estadio de mis amores.El cartel y el edificio que me "anima" en ese último kilómetro, os los presentaré en algo que tengo en mente, pero ya después del Maratón de Sevilla.
Los números fríos dicen que en mi planificación de enero tenía 22 días de entrenamiento, solo he completado 15, con un total de 198 kmts 297 mts, en estos kilómetros están incluidos los 10 del trofeo Paris y los 21 de la media de Getafe.
No, no estoy feliz, siete faltas me parecen excesivas hablamos casi de un 30% de absentismo y eso no es digno de una patata de corredor como el menda.
La verdad Febrero no ha empezado mejor, la climatología de este invierno madrileño se ha convertido en mi excusa, soy un flojo, prometo ser más "adulto" a partir de ahora.
Un saludo.