De mi infancia y adolescencia tengo buenos recuerdos en general. Viendo las cosas con la distancia que da la edad, hace mucho convine conmigo mismo que fui (soy) afortunado.
Me tocó en suerte vivir en un país en pleno crecimiento económico, con cambios políticos y sociales que lo iban a convertir en un país aún mejor y además nacer en una familia que por encima de sus defectos y virtudes me quería y no me negaba nada de lo necesario.
Éramos nueve de familia, mis padres Antonio y Carmen, mis seis hermanos Rafa (Rlfox), Virginia, Alberto, María y Esther, mi abuela Vicenta y durante muchos años nuestro perro Pinky. Por supuesto no nadábamos en la abundancia pero que queríamos ¡éramos toda una tropa!.
Hay historias vividas que recordamos de vez en cuando y nos hacen reír, en mi casa el actual "gas natural" no había llegado, bueno en aquella época era "gas ciudad". El agua caliente dependía de un calentador con su bombona de butano, que daba servicio a la cocina y al cuarto de baño, sí un cuarto de baño para tres hermanas y el resto de la familia.
Para los que no hayáis disfrutado nunca del butano, la bombona se agota y hay que cambiarla y siempre ocurre en el momento más inoportuno.

Una de las costumbres más puntuales de mi padre era la ducha del sábado. Venía de trabajar al mediodía, sábado día de cobro. Cuándo llegaba solíamos estar comiendo el resto de la familia, menos mi madre que le esperaba.
El paseíllo del Señor Cuerda en ropa interior blanca, calcetines negros, chanclas y la muda limpia debajo del brazo era tan tradicional como el de una corrida en Las Ventas.
Otra tradición de esa ducha del sábado era el final súbito de la bombona de turno con mi padre debajo del agua... para los neófitos en las lides butaneras y gente con poca imaginación, del agua caliente a la fría en menos de un segundo. La impresión que eso causa en el cuerpo humano es de las peores con diferencia.
- ¡Chata el agua!
Y por supuesto las sonrisas de todos los hermanos, "siempre le pasa lo mismo".
La Chata cambiaba la bombona, encendía de nuevo el calentador y en ese proceso que podía durar dos o tres minutos el Señor Cuerda preguntaba por "Chata el agua" lo menos cinco veces. La Chata perdía la paciencia y le decía "que te esperes" en tono medio alto y los demás literalmente nos descojonábamos, bueno en aquella época aún no porqué no sabíamos que ese era el nombre técnico de partirse de risa.
Ya han pasado unos cuántos años de esos sábados, a casa de mis padres llegó el gas natural. Pero yo hace unos tres años que volví a los tiempos de "Cuéntame cómo pasó" y dependo de la bombona de butano.
Por supuesto la carga genética es importante, la bombona siempre se agota cuando estoy en la ducha... sin ir muy lejos el viernes después de once kilómetros con un frío de aúpa en mitad de esa ducha reconfortante en un segundo pasé del placer al dolor...
- ¡Chata el agua...!
En mi casa no había ninguna "Chata" en ese momento, me tocó salir a la terraza cuándo arreciaba una granizada a por la bombona...
El domingo con mis padres recordaba el pasaje del viernes y de muchos de los sábados de nuestra vida, no reímos.
Un saludo.