El viernes aprovechando que Zipi estaba por Getafe para celebrar su cumpleaños, habíamos pensado en salir a correr por esa ciudad del Sur de la Comunidad de Madrid. Toda la semana lloviendo presagiaba un seguro chapuzón, por si el plan A cambiaba, le llamé a eso de las dos y me confirmó que nos mojaríamos... Yo que no sé decir no a mi hermano seguí adelante con la planificación.
Con algo de retraso por una movida laboral me dirigía a Getafe bajo el diluvio universal, la verdad me apetecía poco la idea de empaparme y más con un dolor en la zona posterior del muslo que me trae de cabeza desde hace un par de semanas, pero no iba a ser yo el que dijera no.
El plan B
Como no podía ser de otra manera y más tratándose de mi hermano el plan original sufrió variaciones. Tenía que recoger su coche del taller y de salir a correr por Getafe se transformó en dejar el coche de cortesía en Leganés y volvernos corriendo a Getafe, haciendo nuestra particular Intercampus.
Seguía lloviendo a mares en Getafe e hicimos una primera parada técnica para recoger a mi sobrino Dani y llevarlo seco a su casa desde la academia. Serían cerca de las seis y media cuando recogíamos su coche ya disfrazados de romanos, esta situación me dio la oportunidad de conducir el coche de cortesía un Ford Focus TDCI que me terminó de demostrar que mi coche es de mentira... Ya no lo solté hasta llevarlo a Leganés. Seguía lloviendo a mares y por supuesto no teníamos nada de luz natural.
El Plan C
Una vez en el lugar donde teníamos que dejar el coche no había vuelta atrás, teníamos que volver corriendo. Aún así decidimos ir lo más directos posibles hasta nuestro destino. Mi hermano se quejaba de que yo iba pisando todos los charcos "pero cachondo si solo hay charcos". Así que a poco menos de cinco minutos el kilómetro, por arcenes y entre coches nos plantamos en su casa de Getafe empapados hasta el tuétano. Empezamos a quitarnos ropa en el descansillo de la escalera, para habernos grabado y nos metimos en la ducha, juntos que no revueltos. Somos hermanos pero mariconadas las justas... Una ducha casi hirviendo y la certeza de que mi problema se estaba acentuando zanjaron nuestro patético intento de entrenar. Bueno eso y comprobar que Zipi está como un tiro.
El Plan D
El plan A original tenía una segunda fase o plan B, para la que yo estoy mejor dotado genéticamente hablando. Se trataba de la celebración del cumpleaños, sus cervecitas, pizzas, aperitivos, tarta y copa, vamos para lo que uno lleva más de cuarenta años entrenándose. En fin el Plan B reconvertido en D, no os preocupéis los planes E se los dejo a otros... Allí coincidí con parte de los culebras solo parte, José no pudo venir al tener al enano con fiebre. Me divertí un buen rato y cené por la patilla que es lo que tocaba.
Las secuelas de tanto plan
Todos los planes que afronto con mi hermano tienen secuelas, la primera se materializó el sábado, sin perder un minuto me fui a Bikila a formalizar la inscripción en el Mapoma. Ya de paso me traje unas Adidas que se ajustan más a mis particularidades de pisada que las últimas zapatillas que he desgastado. La segunda secuela fue más desagradable, el domingo estaba prácticamente cojo y eso me ha llevado a tomar la decisión de ponerme en manos del fisio. Me quedan dos semanas para León y aún sabiendo que tampoco voy a hacer nada del otro jueves no quiero que la pierna no me deje disfrutar de esa esperada y deseada Media Maratón.
Ya os contaré en qué queda ese dolor puñetero y por supuesto las sensaciones de las nuevas zapatillas.
Un saludo.
