lunes, 11 de enero de 2010

Decepción

La decepción es una de esas cosas con las que el ser humano debe cargar toda la vida. Todo el mundo la ha sentido en mayor o menor medida en alguna ocasión, lo cierto es que nunca hay una última decepción. Siempre vendrá una más que meter en el petate que acarreamos.
Hay distintos tipos de decepción dependiendo de lo que la cause, sin ir más lejos el año pasado viví dos decepciones de las que voy a llamar globales, pues no solo me afectaban a mí. Luego tenemos las decepciones personales, ésas en las que el único responsable es uno mismo. Éstas me cabrean más que el resto, ¡decepcionarme yo mismo es el colmo! Quizás, al menos para mí, las más dolorosas son las que te producen personas a las que quieres, ésas siempre me han traído por la calle de la amargura.

Decepciones globales
La primera vino en forma de premio Nobel de la Paz, a Barack Obama. No tanto por premiar al presidente de una nación que tiene varios frentes de guerra abiertos por el mundo, lo que entra en contradicción con el objeto del premio. Yéndonos unos años atrás hasta 1994 encontramos algo que en su momento me pareció chocante y a la postre se ha demostrado inútil. Los premiados en aquella ocasión fueron Yasser Arafat, Shimon Peres e Isaac Rabin. El motivo de aquel premio eran las conversaciones que dieron como resultado un acuerdo de paz en Washington. Esa Paz firmada era entre el Estado de Israel y Palestina. El tiempo ha demostrado que la Paz firmada era humo y que si lo que se buscaba era dar un empujón para resolver ese conflicto fue baldío.
A mí lo que más me decepcionó del premio de 2009 es lo poco o nada en cuestión de méritos que se necesitan para conseguir ese galardón. No hay ningún motivo tangible para reconocer su necesidad. De nuevo poniéndonos en lo mejor, puede deberse a la necesidad de dar un empujón a alguien que puede tener en su mano la posibilidad de conseguir una Paz global. Nada más lejos de la realidad, no está en la mano de Obama conseguirla, incluso no está en la posición idónea para intentarlo. Su responsabilidad como presidente de una de las mayores potencias bélicas del mundo. La importancia en la economía de su nación de las empresas de armamento. La psicosis de su pueblo tras los atentados del 11S. Le impiden tener margen de maniobra.

La segunda decepción global fue en la Cumbre del Clima celebrada en Copenhague el diciembre pasado, en la cuál uno de los protagonistas era el ínclito Obama. Se esperaba, yo esperaba, un final de la misma muy distinto al que los líderes del mundo allí reunidos nos ofrecieron. Agua de borrajas es lo que nos dieron. Ningún compromiso serio, ningún plazo y ningún dinero para luchar por la persistencia del planeta. En fin la decepción de esa cumbre fue para mí un gran calentamiento global.

Decepciones personales
Escribiendo estas líneas me doy cuenta que las dimensiones de las decepciones sufridas son directamente proporcionales a las expectativas que nos creamos, tanto de personas como de hechos puntuales. Personalmente siempre me creo grandes expectativas con todo lo que me atañe. Seguramente el problema está en las metas que me propongo, poco realistas y siempre llevado por la euforia.
Tengo que rebajar las dimensiones de mis expectativas personales, con el único fin de no estar en constante cabreo conmigo mismo. Ese cabreo al final influye en mi estado de ánimo, ese estado de ánimo contribuye a que las expectativas que sobre mí ponen personas que me aprecian se vayan al traste... Finalmente yo les decepciono a ellos, ¡es una decepción al cuadrado! No puedo permitirme esos lujos.

Decepciones de seres queridos
¡Ay los seres queridos! Querer es algo que tenemos tendencia a complicar más de la cuenta, perdonad estoy metiendo a todo el mundo en el mismo saco. Suelo complicar bastante eso tan sencillo de querer, es consecuencia de entregarme a tumba abierta, tanto en lo bueno como en lo malo. Ni siempre es necesario, ni nadie está obligado a corresponderme de la misma manera. Más que nada esa forma de querer es bastante kamikaze y por lo tanto una opción personal e intransferible.
De mi propensión a elevar las expectativas no se escapan las personas, menos aún las que me rodean y me importan. Esas expectativas son mayores cuanto más quiero a una persona, básicamente yo no pongo límite a mis sentimientos y espero irreflexivamente ser correspondido en la misma medida. Al cabo de los años la vida me ha demostrado que pretender eso es un disparate, uno más de los que suelo cometer. Aún así, no soy capaz de ser reflexivo cuando se trata de los sentimientos, lo bueno es que aún tengo tiempo por delante para intentarlo.
Un saludo.

7 comentarios:

SONIA dijo...

Grandísima entrada Abe. Me parece acertada tu reflexión sobre la decepción en cualquiera de las variantes que has señalado. Las globales... en fin, yo casi he perdido toda esperanza. En cuanto a las personales y las de los seres queridos, como bien señalas, tiene mucho que ver con las expectativas que generamos. Por desgracia una y otra vez caemos en decepciones, con nosotros, con los demás... pero prefiero mil veces arriesgar y mantener la esperanza y la ilusión en los demás o en mí que perderme la oportunidad de haberlo intentado. Ese viaje no tiene precio...

Un abrazo!

Tecolinha dijo...

Me gusta la clasificación. Gracias por hablar de ello. Creo que me ayudará a "colocar" mis decepciones.
Para mi las más duras de aceptar son las de los seres queridos y aunque es cierto que dependen de tus expectativas, no dejan de ser tristes. En cualquier caso, a la larga te quedas más a gusto siendo tú el que da más aunque no recibas lo que esperas. Yo también prefiero decepcionarme a no esperar nada, aparte de que tampoco sé hacerlo de otra forma, qué le voy a hacer, me sigue faltando experiencia...
Ánimo y a seguir con ilusiones :-)

Ana dijo...

Pon el modo kamikaze off. Ya.

superop dijo...

Por mi parte, la decepción es algo que hace tiempo que no está en mi vocabulario. Simplemente, el ser humano se comporta exactamente de la única forma que sabe hacerlo, que suele ser tirando a egoísta. Y ahí englobo a los tres grupos que mencionas, sí, incluido yo mismo, porque soy egoísta conmigo: Hago lo más cómodo aunque sé que no sea bueno para mí, como lo mas rico aunque sé que me hace daño, soy vago aunque sé que me creará remordimientos...

El ser humano ya no me decepciona, es que es así.

Lo que yo hago ahora es admirar al "distinto": Admiro al que se supera, admiro al que se esfuerza en cosas inútiles pero que son impresionantemente bonitas, como por ejemplo, el que todavía pierde el tiempo viendo un atardecer... admiro al que la sociedad considera loco por ir contracorriente, como Juan Salvador Gaviota...

Y, por supuesto, admiro al que se enfrenta a un maratón... ;)

Saturnino dijo...

Las "decepciones globales" hace teimpo que dejaron de importarme, los políticos del mundo están instalados en la demagógia y los humanos del mundo estamos tontos por consentirlo.
Y en cuanto a las "decepciones personales" o de "seres queridos" seguirán estando presentes, porque al igual que tú, me doy cuenta que exigo mucho de ellas, quizás porque yo también ponga mucho en ellas.
Un abrazo amigo.

Abe dijo...

Sonia, yo soy del Atleti y la esperanza es lo último que pierdo siempre ;D Estoy contigo merece la pena arriesgar por los demás, yo al menos no sé hacerlo de otra forma ;D

Teco, no nos queda nada para seguir acumulando "experiencia", no tenemos prisa ¿verdad? ;D

Ana, ayer le pedía a mi madre el libro de instrucciones, para ver dónde está el "off"...Y va la señora Carmen y me atiza el último "libro de familia numerosa"... No sé que me quiso decir... ;D

Super, si no te conociera diría que tienes obsesión por Juan Salvador Gaviota... ;D Yo admiro a los que vuelan ya lo sabes ;D

Saturnino, habría que hacer limpia de "políticos" pero claro no tendríamos tiempo para vivir ¡¡uff hay tantos!! ;D

Un saludo a tod@s¡¡¡

rlfox dijo...

Salu2.
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Animo.
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Felicidades r+mj+r

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