viernes, 28 de noviembre de 2008

Primer día en Oporto

Después de un vuelo normalito, con alguna turbulencia sin importancia, llegamos al aeropuerto de Oporto, pequeñito, bastante nuevo y bien comunicado con el centro de la ciudad. Nosotros cogimos el metro, que en la mayor parte de los tramos va en superficie, como el metro ligero del que disfrutamos en los madriles. Nos costó un poco entender el plano y las líneas, ya que el mismo andén es compartido por varias de ellas y nosotros no estamos acostumbrados. El caso es que llegamos a la Pensao Aviz sin ningún problema, pensión normalita pero correcta para el precio que habíamos pagado y bastante céntrica que era lo que buscábamos. No nos detuvimos mucho y salimos dispuestos a explorar la ciudad.

Porto, como la llaman los portugueses, está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y se la conoce como la ciudad de los puentes (yo le cambiaría el nombre por la ciudad de las escadas, pero bueno, para gustos...). En la actualidad hay seis puentes que cruzan el río Douro, pero sólo uno de ellos está incluido en la zona declarada. Se llama Puente de Don Luis I y fue diseñado por un discípulo de Eiffel (que hizo otro de los puentes). Tiene dos niveles de paso y conecta Oporto con Vila Nova de Gaia donde se encuentran las bodegas. Mirad lo bonito que es:


El resto de los puentes los vimos de lejos, en alguna foto salen.

Lo primero que hicimos, dada la hora que era, fue ir a comer a la zona del río, que se llama Cais da Ribeira, que está lleno de restaurantes y donde se estaba la mar de bien al solecito; hasta prescindimos del abrigo, no os digo más. Para llegar tuvimos que descender unas escaleritas (nuestro primer contacto con la realidad de esta ciudad), con la sensación de haber sido transportados en el tiempo a unos cuantos años antes y a algún pueblo perdido de la mano de dios: ropa tendida en la calle y las mujeres tirando por la puerta el agua de fregar... Este es el último tramo de la escalera, hubo unos cuantos más antes:


Así que nos dedicamos a la gastronomía local. Para mí bacalao (plato potugués por excelencia) y para Abe, que de los peces pasa olímpicamente, un plato de tripas (callos) que es el plato típico de Oporto. Todo muy bueno. Después del homenaje, a pasear para disfrutar del día espléndido que tuvimos. Empezamos por recorrer el cais, que estaba lleno de paseantes como nosotros. Aquí lo tenéis:



A continuación nos encaminamos hacia el centro. Oporto no es una ciudad con muchos monumentos, su encanto está en la calles estrechas, empinadas, con edificios que están pidiendo a gritos una restauración, al menos en sus fachadas, así que lo mejor que se puede hacer para conocerla es callejear. A mí me recordó mucho a Lisboa, tanto por el urbanismo como por el tipo de edificaciones.

Llegamos al convento del San Francisco, en el que se puede visitar la iglesia y la casa del despacho en la que hay un pequeño museo, carente de interés en mi opinión, y una cripta, que nos recordaba más a una bodega de Jerez que a un espacio funerario, en la que hay un osario. El interior de la iglesia es muy bonito. A pesar de ser gótica, todo el interior se revistió de tallas barrocas, bóvedas incluidas, lo que me sorprendió bastante. Esta es la fachada de la iglesia:


Cuando terminamos ya era casi de noche, es lo que tiene el viajar en estas fechas, y el resto de cosas que queríamos visitar ya estaban cerradas, así que continuamos nuestro paseo alumbrados por la luces navideñas. Sí, yo me quejo porque el ayuntamiento de Madrid las va a enceder hoy, y a saber desde cuándo llevan encendiéndolas en Oporto. Se hacía súper raro ver escaparates en los que te deseaban feliz 2.009.

Junto al convento está el Palacio de la Bolsa, un precioso edificio neoclásico en el que estaba instalada la bolsa de comercio. Destaca porque no tiene nada que ver con el resto de los edificios que conforman la plaza en la que está. A Abe es una de las cosas que más le han gustado de este viaje. Se puede visitar por dentro, pero nosotros no lo hicimos. Por fuera, éste es el Palacio:


Unas cuantas cuestas y escalones después (de éstos no tengo pruebas), la siguiente parada fue la zona de la Catedral en la que aparte de ésta, podemos ver la Casa del Cabildo, el Palacio Arzobispal y una casa-torre de la época medieval. Una de las cosas curiosas es que el atrio de la catedral está revestido de azulejos, claro que en este país es bastante típico. Ya lo veréis de día, de momento, de noche es así:


A continuación estuvimos en la estación de Sao Bento, la estación de tren, que es la típica construcción con estructura metálica que a mí, en particular, me gusta bastante. Para poder construirla tuvieron que demoler el monasterio de San Bento, por eso la estación se llama así. La entrada tiene todas la paredes decoradas con miles de azulejos que no supimos si estaban recién restaurados o a punto de serlo, porque estaban recubiertos con una especie de malla de protección. Muy cerquita de la estación está la Avenida de los Aliados, una calle muy ancha con grandes edificios en los que están las sedes de algunos bancos y que, obviamente, no tienen nada que ver con los del casco antiguo.

Nuestras pobres piernas se negaban a continuar andando, así que nos tomamos un respiro en una cafetería donde nos echamos unas risas a costa del pobre camarero que era clavadito al cantante de Deluxe. Después buscamos un sitio para cenar y derechitos al hotel a dormir para poder continuar al día siguiente.

Si queréis ver algo más de Oporto mientras esperáis el siguiente capítulo de nuestro relato, os recomiendo esta página, que tiene un montón de información, fotos y planos de la ciudad.

6 comentarios:

Saturnino dijo...

Excelente relato Beatriz, y por lo que narras Oporto es una ciudad interesante para visitar.
La notaré en la agenda, aunque antes tengo que ir irremediablemente a Ávila, si, si a Ávila, la nuestra, es un compromiso ineludible.
Abe, ¿comiendo callos en Oporto?, pues en La Felguera (lo que los asturianos llaman ahora Langreo) también, ¿cuáles estaban mejor?, ¿no será un experto en callos y este preparando una guía sobre sus exquisiteces?.
Ya son muchas preguntas, que las conteste él.
Un beso.

SONIA dijo...

La verdad es que leyendo esta estupenda crónica de viaje me entran ganas de visitar Oporto. También me la apunto en la agenda, que me encanta callejear y esta ciudad promete! Aunque a saber cuándo podré ir: USA y Rusia van antes! (y tb prometo diario de viaje, jeje:P)
Saludos!!

Abe dijo...

Saturnino, mi madre hace los mejores callos que he comido en mi vida... y eso que busco competencia na de na ;D
No os cuento si os gusto la crónica del primer día, lo que os gustará la del segundo... la tengo que hacer yo a ver si mañana (hoy) os deleito... ;D
Un saludo.

Mariana dijo...

A mi también me dan ganas de ir!!!!!
Un beso a los 2! y que la sigan pasando genial.
La Porteña.

Adrian dijo...

Que bonita tu visita a Oporto. Tomo muy buena nota para planificar mi viaje. Buen blog, enhorabuena, un saludo!

Beatriz dijo...

Bienvenido Adrián. Gracias por tu visita y encantados de haberte ayudado. Disfruta de Oporto, seguro que te gustará.
Un saludo.

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